Desde muy pequeña, ella tuvo una certeza que no necesitó validación externa: quería ser científica. No porque el camino fuera sencillo ni estuviera lleno de referentes femeninos, sino porque intuía el poder transformador del conocimiento. “Me fascinaba la idea de que la ciencia no solo explica el mundo: lo transforma”, recuerda.
Hoy, su trayectoria en STEM es también una historia de conciencia, resistencia y liderazgo. Más allá de títulos o cargos, Candy Flores Gracia representa una forma distinta de habitar la ciencia: con rigor, sí, pero también con humanidad, criterio y valentía para cuestionar sistemas que históricamente no fueron pensados para las mujeres.

Elegir la ciencia y la forma de vivirla
En la preparatoria, Candy encontró en las matemáticas un espacio natural de desafío. Participó en olimpiadas estatales y nacionales representando a Veracruz, y aunque los espacios no eran paritarios, para ella no resultaba extraño verse ahí. “Casi siempre había otra mujer conmigo, así que para mí no era raro: era lo normal”.
Con los años entendió algo clave: la presencia no garantiza igualdad. Ella tuvo oportunidades y acompañamiento que muchas otras mujeres no tienen. Sin embargo, su gran dilema nunca fue si podía ser científica, sino qué tipo de ciencia quería hacer.
La biología apareció como una elección intuitiva. “Me parecía infinitamente más emocionante aprender desde el campo, ensuciarme los zapatos, observar y explorar, que quedarme encerrada resolviendo teoremas”. Hoy lo dice con humor: “No fue la decisión más madura del planeta, fue un ‘esto se ve más divertido’”. Pero esa intuición la llevó a una verdad profunda: quería una ciencia viva, conectada con la realidad.
Aunque eligió biología, nunca dejó atrás las matemáticas ni la física. “Una carrera STEM no es una cajita, es un conjunto de herramientas que se combinan para abrir posibilidades”.
Los retos cotidianos de ser mujer en STEM
El desafío más duro no fue académico, sino estructural. Descubrir la desigualdad no como teoría, sino como experiencia diaria. “La violencia psicológica constante se normaliza en pasillos, salones y laboratorios”, explica.
Frases repetidas —aparentemente pequeñas— buscan erosionar la confianza: “Estudias mientras te casas”, “las matemáticas no son para mujeres”, “¿y tú por qué no estás en la cocina?”. Comentarios que, acumulados, intentan que dudes de ti y pidas permiso para existir.
A esto se suma una presión silenciosa pero determinante: la maternidad como amenaza profesional. “El mensaje era claro: si me embarazaba, ‘me tocaba’ pausar o cortar mi trayectoria. Para mí eso no era opción”. Incluso tener que planear la vida desde esa posibilidad ya es parte de la desigualdad.
Con el tiempo, el reto cambió de forma. Hoy, Candy enfrenta uno distinto: liderar sin reproducir modelos machistas. “He tenido que desaprender la idea de que dirigir es imponer o endurecerte”. Hoy su liderazgo con empatía y firmeza. “El cambio no es solo que más mujeres lleguemos, es que cuando lleguemos, cambiemos las reglas del juego”.

Una mentoría que la salvó y transformó
En su camino, la Dra. Magdalena Fresán Orozco marcó un antes y un después. Científica, educadora y pionera, fue también un sostén vital. “Para mí fue literalmente un salvavidas”, dice Candy. A su lado aprendió que el rigor científico puede convivir con el cuidado y el liderazgo ético. “Ese tipo de mentoría —que te sostiene y te confronta con cariño— te cambia la historia”.
STEM, inteligencia artificial y criterio humano
Para Candy, hoy no basta con ser buena técnicamente. “Con inteligencia artificial en todas partes, tu criterio y tu voz importan más que nunca”.
La alfabetización de datos, el pensamiento estadístico, la experimentación y el uso consciente de la IA son esenciales. Pero advierte: “La IA debe usarse para acelerar, no para delegar tu pensamiento”. Saber preguntar, evaluar respuestas y detectar sesgos se vuelve tan importante como programar.
Las habilidades humanas marcan la diferencia: pensamiento crítico, comunicación clara, negociación y liderazgo empático. “La parte técnica se democratiza rápido; lo que te vuelve imprescindible es tu ética y tu capacidad de decidir”.
El talento está, pero faltan estructuras justas: educación temprana, cero tolerancia a la violencia, mentoría y patrocinio, condiciones para no elegir entre vida y carrera, y criterios transparentes de evaluación.
Sobre la inteligencia artificial nos comparte: “Puede amplificar desigualdades si no se diseña con perspectiva crítica”. Por eso, más mujeres deben participar en su construcción y gobernanza.
La historia de Candy es la de una mujer que decidió no achicarse. Que entendió que la ciencia no está separada de la vida y que liderar también es cuidar, cuestionar y abrir camino.“Que te cueste no significa que no seas capaz. Muchas veces significa que estás empujando una puerta que históricamente nos han cerrado”. Y cada vez que una mujer avanza en STEM con conciencia, no lo hace sola.
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